Genocidio (casos históricos y libro)

Genocidio (casos históricos, libro)


EJEMPLOS DE GENOCIDIOS
Genocidio de Armenia: Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de civiles
de la población armenia fueron perseguidos, para posteriormente ser asesinados por el
gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano entre los años 1915 y 1923.
Se caracterizó por su brutalidad en las masacres y la utilización de marchas forzadas con
deportaciones en condiciones extremas, que llevaba a la muerte a muchos de la
población deportada.
Genocidio de Ucrania: Hambruna provocada por el régimen estalinista que se produjo en
el territorio de Ucrania entre 1932 y 1933. Stalin siempre se esforzó por  intentar ocultar,
mediante la destrucción de pruebas documentales el genocidio ucraniano que acabó con
la vida de casi cuatro millones de personas a través de la hambruna.
Holocausto nazi: Medida conocida como ‘solución final’, intento de aniquilar totalmente a la
 población judía de Europa que se cobró 6 millones de vidas, entre 1933 y 1945.
Lo que comenzó como una pérdida de derechos o la obligación de identificarse mediante
parches pasó a convertirse en asesinatos y expulsiones de la pabloción del territorio alemán.
Nunca se intentó ocultar el profundo desprecio que la cúpula del partido nazi sentía por
aquellas y aquellos opositoras y opositores de su idea del mundo perfecto. Las primeras
represalias llegaron pronto y fueron aumentando paulatinamente y sin frenos.odr ser frenadas. 
Genocidio de Ruanda: Masacre cometida por el grupo étnico de los Hutus contra los Tutsis, 
 ejecutando cerca de 1 millón de personas.
Muchos teóricos y teóricas de las ciencias sociales advirtieron la generalización de los
genocidios en el siglo pasado, y se propusieron encontrar los puntos en común que
estos tuvieron. Uno de estos puntos, es que todos tienen el apoyo de una parte importante
de la sociedad en la que se produce
Lo primero que ocurre es que el Estado propone una progresiva demarcación del grupo
afectado. Es posible que se fomente la división y la fragmentación de la sociedad.
El grupo es identificado o  y simbolizado, generando en las facciones de la sociedad ajenas
a él un fuerte odio y desprecio.
Comienzan a tomarse medidas de carácter humillante para ese grupo, pese a que no se
trate de violencia física. La simbolización convierte al sector en cuestión en un enemigo.
BIBLIOGRAFÍA: Auschwitz, última parada: Cómo sobreviví al horror (1943-1945)
(F. COLECCIÓN). Eddy de Wind.

UNA GUERRA NEGRA: INVESTIGACION SOBRE LOS ORÍGENES DEL

GENOCIDIO RUANDÉS (1959-1994). Gabriel Peries.


LIBRO
Autor: Joan Frigolé Reixach
Editorial: UNIVERSITAT DE BARCELONA PUBLICACIONS I EDICIONS, 2003
CULTURA Y GENOCIDIO
 Uno de estos temas es el de los genocidios masivos a lo largo del siglo XX, vinculados  al
auge y consolidación del modelo de estado nación (pueblo) concebido en términos culturales,
 de clase, religiosos o de varios criterios de identidad a la vez. En este libro, encontramos que 
 el impacto de los genocidios es devastador, tanto que, Michael estima en “algo superior a los
 sesenta millones y continúa aumentando”.
¿Por qué los símbolos de procreación tienen un protagonismo tan destacado en los
genocidios? Una breve referencia a los casos de Ruanda y de Bosnia sirve como ilustración.
Los hutus asesinaron a mujeres hutus embarazadas, dado que el marido era tutsi y, por tanto,
de haber nacido, el hijo hubiera sido tutsi Los genocidios constituyen una perspectiva única
para examinar la conexión entre las concepciones culturales de procreación, monoteísmo
y nación o pueblo en el marco del estado nación y sus efectos perversos. El genocidio Bosnio
es acaso la peor matanza en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Bajo las órdenes de
Ratko Mladic, 8.000 hombres y niños fueron ejecutados. El general serbobosnio
Ratko Mladic ordenó el ataque final contra 40.000 civiles musulmanes y musulmanas de la
ciudad (en Bosnia oriental), de los cuales la mitad eran refugiados y refugiadas de los
alrededores en esta zona declarada "protegida por la ONU". (Diario Clarín 22/11/2017)
Sistema de clasificación del estado, cuerpo y persona.
Los tres modelos culturales –procreación, monoteísmo y nación o pueblo– y el sistema
de clasificación que conforman son la base de la definición de persona social. La noción
de persona los condensa. La violencia y sus modalidades específicas, asociadas a distintas
estructuras sociales y políticas, nos remite al cuerpo humano y a partes específicas del
mismo. Éstas no son meras metonimias, sino que se convierten en metáforas por el hecho
de haber sido elegidas como significativas por el sistema de clasificación que inspira la
violencia. Las vaginas empaladas, los vientres abiertos, los senos cortados, etc. y otras
expresiones de violencia sobre otras partes del cuerpo femenino y masculino se transforman
en símbolos “naturales” de un sistema de clasificación que utiliza la violencia como
práctica clasificatoria. Leach señaló "que matar es también clasificar y por tanto matar de
una determinada manera es también imponer un determinado sistema de clasificación. La
burla asociada a la agresión, la polución y profanación del cuerpo, y las pantomimas
burlescas aberrantes son una dimensión básica de la violencia asociada a genocidios
y luchas “fratricidas”."
(http://www.publicacions.ub.edu/refs/indices/06082.pdf)



Antígona y la división del duelo.
El estado aborrece al parentesco, no la família, forma parte de su análisis antropológico
de Antígona y se inscribe en una tradición antropológica que estudia el dominio del estado
sobre el parentesco. En Antígona aparece el acto fundacional de una atribución del estado:
la “división del duelo” La orden de Creonte de que se sepulte honrosamente a uno de los
dos hermanos de Antígona, el que defendió al estado, y de que se deje insepulto al otro,
el que atacó al estado, crea y organiza una división en el duelo, que implica de forma
automática la división del parentesco y un atentado al origen del mismo.
Negar al muerto contra el estado un lugar específico en el territorio del estado implica su
expulsión física, lo que constituye un signo y una medida eficaz de expulsión también de
su espacio simbólico.
La importancia de la orden de Creonte está en el hecho de que a través del control del
duelo se apropia del sistema cosmológico religioso, lo manipula y lo utiliza como fuente
de legitimación de su poder. El estado se apropia también del sistema simbólico ritual
del parentesco y lo reformula adaptándolo a una nueva clasificación dominante.

El estado nación y la negación del duelo.
En la España franquista, “los nacionales” al refundar el estado nación impusieron también
su propia “división de duelo”. Un ejemplo de ello lo ofrece, según el historiador
Antonio Miguel Bernal, Castuera (Badajoz): “Aquella zona es hoy un área de regadío que
los campesinos no cultivan porque saben que es un camposanto, y les da mucho respeto.
La memoria popular es, a veces, un claro indicio para los historiadores. No sabemos cuánta
gente murió en Castuera. Pero fue un campo de exterminio, no hay duda. Hubo fusilamientos
a diario. Y hay fosas llenas de cadáveres.” (La Vanguardia, 21 febrero 2002)
Las muertes son una materia simbólica maleable que el estado utiliza para enviar mensajes
a su propia sociedad, pero también a otros estados y otras sociedades. Los genocidios,
las masacres, la violencia fratricida, etc., resultado del desarrollo y consolidación del estado
nación, no sólo producen muertes, sino que multiplican las modalidades de dar muerte e
intensifican su crueldad hasta extremos inconcebibles.

Venganza de sangre y genocidio
Puede delimitarse mejor la venganza de sangre si se la contrasta con el genocidio.
La venganza de sangre está vinculada al parentesco y se presenta como una obligación
del parentesco, mientras que el genocidio está vinculado al estado y se presenta como
una defensa del mismo. La venganza de sangre es un práctica penal vinculada al
concepto de responsabilidad colectiva: las víctimas de la venganza de sangre son
consideradas responsables solidarias del crimen cometido por su pariente, de la misma
manera que los que ejecutan la venganza de sangre tienen el derecho colectivo de exigir
la retribución por el crimen cometido. El estado puede considerar a los miembros del grupo
objeto de genocidio como culpables solidarios de algún tipo de crimen, pero es una mera
justificación ideológica. Aunque el estado use el lenguaje de la venganza de sangre para
legitimar un genocidio, ni su fin, ni la forma de asesinar, ni la masividad e indiscriminación
de las matanzas pueden confundirle con la venganza de sangre. El genocidio persigue el
exterminio de un grupo o de una población definido por representaciones culturales
específicas relativas a procreación, monoteísmo, etc. Si la venganza de sangre excede los
límites que las convenciones consuetudinarias le imponen y se convierte en un asesinato
masivo, adopta un cierto parecido con el genocidio, pero todavía las diferencias son muy
significativas. Hallamos un ejemplo de ello en un caso que tuvo lugar en Sicilia a finales
de la década de los veinte del siglo pasado. Un pastor llamado Petrinu mató a treinta
miembros varones –hermanos, tíos, nietos y primos– de la familia de un cuñado suyo,
al que
también había matado con anterioridad de forma cruel.
La venganza de sangre tiene como objetivo la compensación, pero no el exterminio de
otro grupo familiar, aunque un ciclo acelerado de venganzas de sangre podría provocar
el exterminio de una familia.
El genocidio representa precisamente una grave quiebra de este criterio, porque implica la
exclusión y la eliminación de una parte de la población de un estado, a la que se niega la
condición humana. Cuando el modelo de referencia es el pariente, el anti-modelo es e
l no-pariente o el anti-pariente. Cuando el modelo de referencia es el hombre, el anti-modelo
es el no-hombre o el sub hombre. Así pues, el estado nación puede presentar dos caras
muy contradictorias, una cara humanista y una cara “anti-humana”, según expresión de
Primo Levi. La defensa de los derechos del hombre representa la cara humanista del
estado nación, mientras que el genocidio es la expresión anti-humana del mismo.

Conclusión:

Tras haber indagado en la historia y haber examinado cada acontecimiento ocurrido en este
trágico éxodo, hemos llegado a la conclusión que la definición adecuada para referirse a
este capítulo de la historia es la de etnocidio, pues se destruyó la identidad cultural de los
moriscos, pero no fueron destruidos físicamente, no fueron aniquilados ni exterminados.
Es cierto que fueron víctimas de las atrocidades que realizaron los cristianos en aquella
época, pero no cumple las características necesarias para considerarse un genocidio.
Dicho esto, nuestro grupo finaliza así su investigación intentando aportar un poco más de
perspectiva a este debate aún presente en la actualidad.

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